UNIVERSIDAD EAN
FACULTAD DE ESTUDIOS EN AMBIENTESVIRTUALES
MODERNIDAD, POSTMODERNIDAD Y GEOPOLÍTICA
GUÍA 2
LA POSTMODERNIDAD
AUTORAS
ALEXANDRA JAIME
LUCÍA MARTÍNEZ CASTELLANOS
TUTOR
WILLIAM SALAZAR GALLEGO
BOGOTÁ, DC. 22 DE OCTUBRE DE 2017
LA POLÍTICA DEL HUMMUS
Resumen
Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la
relación del estado de Israel con el mundo árabe en Medio Oriente ha sido uno
de los asuntos geopolíticos centrales de nuestro tiempo. En este trabajo
queremos aproximarnos a la complejidad histórica, económica y cultural de este
conflicto a partir del análisis de las guerras del humus, una disputa de
carácter global por este alimento como símbolo de la identidad y de la historia
de una sociedad.
Abstract
Since
the end of the Second World War, the relationship between the State of Israel
and the Arabic world in the Middle East has been one of the main geopolitical
issues of our time. In this essay, we would approach the historical, economical
and cultural complexities of this conflict through the analysis of the hummus
Wars, a global dispute for this dish as a symbol for the identity and the
history of a society.
INTRODUCCIÓN
En
el marco de las preocupaciones de la geopolítica, la experiencia cotidiana de
las personas que se ven impactadas por los grandes conflictos globales pasa
usualmente desapercibida. Aunque en los medios de comunicación y en los libros
de historia se amplifican y se registran las decisiones que toman los
mandatarios y las autoridades de los estados en conflicto, debe reconocerse que
los individuos experimentan estas situaciones desde lugares muy diferentes y,
por lo tanto, en los cuales la geopolítica tiene un rostro determinado. No es
lo mismo un conflicto global para un soldado en el frente de batalla, para un
economista en las oficinas centrales del gobierno y para un ciudadano que no
puede adquirir un producto en su tienda local.
En
ese sentido, adoptamos un enfoque sociocultural de un problema geopolítico de
gran envergadura, en especial a partir de la Segunda Guerra Mundial. Nos
interesa pensar, con Habermas, por una parte, las consecuencias culturales de
la modernidad, más allá de su expresión política en los Estados-nación o en su
expresión económica en el mercado capitalista global y, por otra parte, con
Dussel, la comprensión del islam y del judaísmo no como una suerte de
“antecesores” de la cristiandad –que en el mito eurocéntrico de la modernidad se
constituye en su origen-, sino como sus contemporáneos y como provenientes de
un marco ideológico compartido, ignorado intencionalmente por la propaganda
internacional que insiste en diferencias culturales esenciales entre las
religiones y sus practicantes como raíces de los conflictos que vivimos. La
necesidad de desarrollar una investigación de enfoque sociocultural del
conflicto entre Israel y Palestina la encontramos en una intención inicial:
debatir la idea de que las personas tienen conflictos porque son culturalmente
diferentes. Esta idea, propugnada sobre todo por analistas como Francis
Fukuyama o Samuel Huntington oscurecen las profundas relaciones históricas
entre los pueblos e invierten el orden de las cosas: en vez de explorar cómo
los intereses políticos y económicos generan conflictos, nos hace creer que los
conflictos son producto del desencuentro y de la diferencia entre culturas.
Tal
vez no exista un mejor escenario para poner a prueba nuestra mirada que el
conflicto entre Israel y Palestina en Oriente Medio. Cuando decimos que tenemos
un enfoque sociocultural no decimos, entonces, que analizaremos las
“diferencias culturales” entre ambos pueblos, sino que veremos cómo en la vida
diaria, en sus prácticas y en sus actividades, la gente concreta que habita la
región en conflicto o que tiene un vínculo concreto con ella interpreta esta
situación. Por ello, consideramos el alimento, y en particular el hummus, como
nuestro objeto de análisis: un elemento profundamente material y simbólico al
mismo tiempo, aparentemente omnipresente, y que permite vislumbrar cómo en el
día a día la gente (sobre)vive en una región intensamente vigilada por los
grandes poderes globales. A partir de esta tensión, nos interesa explorar en
este trabajo lo que se denomina “la política del hummus”, esto es, el conjunto
de relaciones sociales, políticas, económicas y religiosas que atraviesan el
consumo de hummus entre las personas que viven el conflicto entre Israel y
Palestina en Medio Oriente.
JUSTIFICACIÓN
Paradójicamente,
la importancia de centrarse en la comida está en su total mundanidad. Nada más
útil que acercarse a uno de los grandes conflictos geopolíticos del siglo XX y
del siglo XXI que a través de un conjunto de ingredientes, unas sustancias y
unas prácticas que son inevitables para las personas. El acto cotidiano y aparentemente
trivial de sentarse a la mesa y compartir la comida pareciera no tener nada que
decir a las grandes narrativas sobre las causas y consecuencias de la situación
geopolítica en Medio Oriente. Y, sin embargo, las posibilidades que se abren al
concentrarse en ella parecen ser prometedoras.
En
primer lugar, porque la comida permite vincular críticamente tres conceptos
clave para nuestro análisis: modernidad, posmodernidad y geopolítica. Los
ingredientes que da la naturaleza y su procesamiento en ciertas recetas parecen
estar por fuera de estas caracterizaciones. Al final, ¿no se supone que la
comida está en la naturaleza? Sin embargo, su transformación en alimento, su
socialización como encuentro, su repartición como vínculos sociales, convierten
al acto de comer, y al de cocinar, por añadidura, en actos eminentemente
sociales. Pero es en su anclaje en el capitalismo donde podemos entender cómo a
través de la comida se iluminan los vínculos geopolíticos de la modernidad y la
posmodernidad. El caso del hummus lo ilustra bastante bien.
Por
una parte, más allá de ser una receta tradicional del Medio Oriente, el hummus
se consume por casi todo el mundo. En distintas formas y presentaciones, desde
acompañante en restaurantes hasta embotellado en venta en grandes superficies,
nuestro encuentro con el hummus es un encuentro directo con las vías del
capitalismo y con la acción de la geopolítica. De alguna manera, aún por
describir, no tenemos problema en consumir
lo árabe; en un mundo cada vez más atravesado y aterrorizado por el racismo
asociado al terrorismo extremista, donde el islam se estigmatiza como religión
de la violencia, es, por decir lo menos, sorprendente la apertura hacia los
productos culturales (en este caso, alimenticios) árabes. Antes de examinar
estas relaciones y estas emociones con “lo exótico” y “lo oriental”, vale la
pena insistir en que si tenemos, en este rincón del mundo, la posibilidad de
consumir hummus y hasta nos hemos familiarizado con él es en virtud de la
geopolítica del siglo XX y del siglo XXI, esto es, de las relaciones políticas,
económicas, mercantiles y sociales que tienen lugar en una escala global. Puede
ser un plato inocentemente puesto en nuestra mesa, pero es un resultado de la
histórica relación de poder en las últimas décadas.
Por
otra parte, las dimensiones modernas y posmodernas de esta situación no deben
escapar nuestra atención. Siguiendo los lineamientos de Habermas para pensar la
modernidad y la posmodernidad, las señalamos no como dos etapas sucesivas en la
historia del mundo, sino como dos actitudes con respecto a ciertos fenómenos.
En su condición moderna, la política del hummus recuerda cómo hemos
naturalizados las construcciones geopolíticas: pensamos en términos de estados
como límites auto-contenidos con sus sociedades, sus culturas y sus
cosmovisiones; planteamos las tensiones en función de los principios modernos
de la lectura del mundo en la cual atamos un territorio a una identidad y,
desde allí, formulamos el problema. No podemos escapar a estas convenciones, sencillamente
esenciales para la comprensión de la geopolítica contemporánea. A un mismo
tiempo, la política del hummus solo puede tener sentido en una lectura
posmoderna que cuestiona a las identidades culturales como referentes sólidos y
estables legitimados por los estados nacionales y legitima las prácticas del
consumo, en el capitalismo, como declaraciones, afiliaciones e indicaciones de
la subjetividad, tal y como lo ha señalado Călinescu.
Creemos
que la comida tiene la virtud de explorar las dimensiones modernas y
posmodernas de la geopolítica en el conflicto entre Israel y Palestina por sus
propias características. La comida es, esencialmente, ambigua: viene de una
tierra y se ancla en un territorio, pero se distribuye por redes sociales
heterogéneas por todo el mundo; es esencialmente un acto vital del individuo,
pero que se realiza en intrincadas prácticas y experiencias de socialización;
puede ser el producto de una sociedad, una cultura o una persona considerada
radicalmente distinta y aun así ser completamente asimilada, introducida en el
propio cuerpo y asumida como propia (Hirsch, 2011). En la comprensión de lo que
se mueve y se pone en cuestión en la política del hummus, nos interesa pensar
en la construcción de la identidad étnica, la superación del esencialismo
cultural y religioso y la vida cotidiana de la geopolítica.
DEFINICIÓN DEL ENFOQUE Y LA REGIÓN
Planteamiento del Problema
Cronología del Proyecto (línea de tiempo)
DEFINICIÓN DEL ENFOQUE Y LA REGIÓN
Planteamiento del Problema
La región del Medio Oriente solo puede definirse como conflictiva en el contexto geopolítico posterior a la Segunda Guerra Mundial. La implantación del Estado de Israel, como reparación a la persecución y asesinato de judíos en toda Europa a manos del nazismo, con el apoyo militar y económico de los aliados vencedores en este territorio re estableció la dinámica de las relaciones sociales y culturales entre el islam y judaísmo en la región. No se trata, por lo tanto, de un problema “cultural” o “religioso”, como muchas veces se explica en las noticias y en algunos proyectos de intervención en la región, sino de un asunto que hunde sus raíces en las relaciones globales entre estados y en la distribución de poder entre ellos. Es importante considerar las dos caras de este contexto: por una parte, la desestabilización mundial que produjo la Segunda Guerra Mundial con la sujeción de Alemania a la vigilancia de Estados Unidos y la Unión Soviética y el acuerdo de mantener el equilibrio global que dio origen a las Naciones Unidas y, por otra parte, la traumática experiencia de millones de judíos perseguidos y aniquilados en toda Europa no solo por la acción del nacionalsocialismo, sino también por la pasividad de las demás potencias. En una perspectiva de mayor alcance temporal, tendría que considerarse la reducción de Alemania con el Tratado de Versalles al finalizar la Primera Guerra Mundial y el sentimiento antisemita que ha permeado la presencia de los judíos en Europa desde hace varios siglos.
Sin pretender establecer con todos los matices las consecuencias de la creación del Estado de Israel en la región, la relación con los palestinos y con su deseo de ser reconocidos como un Estado por derecho propio es de los asuntos más apremiantes en la región. Múltiples análisis se han ocupado, y lo hacen hoy en día, de entender las diferentes variables que intervienen en esta relación: la dominación económica, el apoyo militar, la soberanía de hecho sobre el territorio… Cada uno de estos análisis privilegia las relaciones globales y fuertes de la geopolítica, aquellas que son fundamentales para comprender cómo se da la distribución del poder estatal a nivel global y la naturaleza de las relaciones. Sin embargo, la vida cotidiana de las personas que viven en estos territorios no está solo orientada o dirigida por estos grandes relatos y sus grandes campos de influencia. Por el contrario, a nivel de la calle, de la casa y de las comunidades que viven en el Estado Palestino y en el Estado de Israel, la vida tiene otros matices, otras experiencias en las cuales cristalizan y se reflejan los distintos niveles de la situación geopolítica. Tras la implantación del Estado de Israel y la compleja situación geopolítica en su relación con Palestina, la comida ha servido como un vaso comunicante allí donde todas las demás estrategias han fallado. No se trata, sin embargo, de algo esencialmente bueno o que tienda a resolver el conflicto; en algunas circunstancias, también puede reiterarlo y reproducirlo.
En árabe, humus significa literamente garbanzo. Por efectos del lenguaje, para nada secundarios, la misma palabra ha pasado a llamar un plato tradicional árabe, elaborado con garbanzo, tahine, semillas de ajonjolí, limón, especias y aceite de oliva. Ampliamente difundido en restaurantes que se autodenominan de medio oriente como acompañamiento, en Israel y en Palestina también se consume como un plato. Lejos de ser una receta o un plato consumido localmente, su extensión a nivel mundial acepta una lectura geopolítica. Por una parte, en los territorios y visiones políticas del conflicto del Medio Oriente, palestinos e israelíes comparten su aprecio, su cariño y sus memorias alrededor del humus. Para un conflicto que se ha planteado, esencialmente, como solucionable a partir de la eliminación del otro, de su cultura, de su lengua y, en particular, de su derecho a existir como estado, la existencia de este tipo de vínculos no debe menospreciarse. Luego, la apropiación de esta receta en corrientes del vegetarianismo o de la comida saludable, de la mano de la diáspora judía y árabe por todo el mundo como consecuencia de los conflictos engendrados por las políticas colonialístas europeas, ha hecho de este plato un invitado frecuente a la mesa de sociedades que se consideran a sí mismas como “occidentales” (es decir, desde un punto de vista eurocéntrico, como distintas al mundo árabe) y fundamentalmente católicas. De esta manera, la aparición de lo árabe en forma de comida, permite cuestionar las lecturas políticas y simbólicas de toda una tradición histórica y de su gente, en particular en los contextos racistas de persecusión y estigmatización del islam como religión esencialmente violenta y permisiva con el terrorismo.
PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN
¿Cómo se simboliza el conflicto geopolítico entre Israel y Palestina en las prácticas alimenticias de sus habitantes?
¿Cuáles son las historias de la creación y del consumo de hummus entre árabes y judíos?
¿Cuáles han sido los escenarios de apropiación del hummus en las cocinas “occidentales”?
¿Cómo se disimula o se resalta el carácter árabe del hummus en su circulación como mercancía en el capitalismo?
OBJETIVOS
Objetivo General
Analizar la simbolización del conflicto geopolítico entre Israel y Palestina en las prácticas alimenticias de sus habitantes.
Objetivos Específicos
Describir los significados atribuidos a los alimentos compartidos entre los habitantes de Israel y Palestina.
Indagar por la historia cultural de los alimentos compartidos en el islam y el judaísmo.
Exponer los contextos de circulación y consumo de los alimentos compartidos entre los habitantes de Israel y Palestina.
FUNDAMENTO TEÓRICO Y CONCEPTUAL
Antecedentes Históricos
Dentro
de los antecedentes históricos tanto de palestina como Israel y la zona en conflicto
que es la Franja de Gaza. Puede decirse que la disputa entre ambas partes
comienza durante el siglo XX, después de la segunda guerra mundial, donde
millones de judíos fueron torturados, despojados de todas sus pertenencias y
finalmente asesinados de la peor manera, en lo que se conoce como la peor
masacre semitista de la historia. De esta manera lo que el movimiento sionista pretendía, era mostrar a
las naciones unidas que durante toda una vida, los judíos han sido población suficiente
para ser considerados como nación, no simplemente un movimiento, o una religión
y que merecían tener su propio estado. En ese entonces el territorio comprendido
entre el rio Jordán y el mar Mediterráneo era considerado como sagrado, tanto
para musulmanes, judíos y cristianos, y era “propiedad” del imperio Otomano el
cual desapareció con el paso de la primera guerra mundial . Este se encontraba
principalmente por árabes y musulmanes. Con el paso de los años y de toda la migración
judía que causo la segunda guerra, una gran parte se fue moviendo y
estableciendo en este territorio.
Por
este motivo la Liga de las Naciones hizo un llamado a Reino Unido, para
administrar territorio Palestino. Aun así esto ya era un problema debido a las promesas
que Reino Unido se había encargado de hacer a árabes y judíos, y que por
diversos motivos, entre ellos la repartición que habían hecho junto con Francia
del Medio Oriente. Este fue uno de los primeros momentos tensionantes que se
produjeron entre ambas partes con la creación de grupos paramilitares judíos y
grupos rebeldes árabes.
La
segunda guerra mundial y el holocausto causado fueron un gran detonante para
los sionistas y judíos en general en cuanto a la necesidad de establecer un
territorio para los judíos.
De
esta manera la nación de Israel se crea en el año de 1948, exactamente el día
14 de Mayo.
El
desagrado de los vecinos países Irak, Siria, Jordania Y Egipto no se hizo esperar,
y al día siguiente invadieron Israel. Y a partir de este momento todo el plan
de territorio que Europa había destinado para Palestina fue invadido por tropas
judías, quedándose estos con más de la mitad del territorio y despojando a los
palestinos de la mitad de sus tierras. Más de 750.000 palestinos se vieron
forzados a huir a países vecinos.
Después
de esto, los enfrentamientos entre judíos y palestinos no han cesado. En el año
de 1956 durante la una serie de batallas, donde los judíos saldrían victoriosos, tomando el control de la
franja de Gaza, la Península del Sinaí a Egipto. Cisjordania a Jordania, y los
Altos del Golán a Siria, en la llamada Guerra de los Seis Días. Sin embargo en
1973 la llamada guerra de Yom Kipur en la que Israel combatió contra Egipto y
Siria permitió que estos últimos recuperaran el Sinaí entregado en su totalidad
por los judíos en el año de 1982.
Por
otra parte un día antes de expirar el Mandato británico de Palestina, Israel
declara la independencia para el estado y justo al día siguiente solicitó ser
miembro de las Naciones Unidas. Lo que lograron un año después con 162 miembros
de 192 miembros que están dentro de la organización.
La Franja de Gaza
Como
es bien sabido, además de los problemas por territorio a los que se enfrenta la
zona cotidianamente, debido al control que tienen los Israelís sobre el
territorio, aunque hayan retirado muchas de sus tropas, la salud, educación, orden
territorial, abastecimiento de bienes y servicios y difícil economía son otros
de los factores que azotan a los habitantes de esta región.
La población en la Franja de Gaza es aproximadamente de 4.505 personas
por kilómetro cuadrado. Según estadísticas el 21% de ellos viven en pobreza
extrema, los niveles de desempleo alcanzan un 40,85% lo que representa a casi
la mitad de la población. Debido al rápido crecimiento territorial que la
Franja presenta, los colegios tanto representados por la ONU como los del
gobierno trabajan en doble turno, para poder brindar educación a la cantidad de
niños y jóvenes posible, aun así no es suficiente. En cuanto a la salud, aunque Gaza cuenta con un sistema comparable
con países de medio y alto ingreso, las dependencias requieren mejoras y
suministros. El suministro de agua potable no es suficiente para suplir la
demanda y la cantidad de agua lluvia que pueden adquirir, por las características
geográficas de la región no es mucha, sumado a esto el sistema de alcantarillado
y de aguas residuales no está bien estructurado, lo que ocasiona inundaciones
si se producen fuertes lluvias.
MARCO TEÓRICO
El siguiente marco teórico que aquí se presenta, busca definir los conceptos que influyen directamente en el planteamiento del problema que este trabajo de investigación expone, para de este modo intentar mostrar al lector las diferentes perspectivas tanto de las definiciones como de los países inmersos dentro de la política del Humus.
Guerra
La
palabra guerra proviene de del franco “werra”. Según el Diccionario de Real
Lengua Española, define el término de
guerra como desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.
Entre
las definiciones más frecuentes de guerra encontramos las opiniones de Maquiavelo
y Clausewitz.
De este modo Nicolás Maquiavelo se refiere a la guerra como “el resultado de lo imprevisible, lo variable, de lo incierto, y lo indeterminable de la política internacional. Así, en política exterior, la ruptura de las alianzas, los cambios en la coalición de los intereses, son suficiente amenaza para justificar la ocupación permanente del Jefe de Estado en el arte de la guerra. La guerra, como situación de excepción, reclama una situación de excepción moral que consiste en saber disimular y engañar para no caer bajo los golpes del adversario”. (Maquiavelo 2010).
Según
Clausewitz “la guerra es algo natural ya que la verdadera lucha a muerte no produce coexistencia ni reconocimiento sino que significa simplemente que la existencia de uno depende de la destrucción del otro… No es otra cosa que la continuación de la política con el apoyo de otros medios. Decimos que a ella se agregan nuevos medios y, además, que la guerra misma no hace cesar las relaciones políticas, no las transforma en algo totalmente diferente, sino que continúan existiendo en su esencia, sean cuales fueren los medios de los que se sirven, y que los hilos principales que corren a través de los eventos de la guerra y a los cuales se vinculan, no sean más que lineamientos de una política continua que va de la guerra hasta la paz” (Clausewitz, 1999).
Fronteras
Según
el diccionario, la palabra frontera está definida como una “línea convencional
que marca el confín de un estado. Estas pueden ser delimitadas de manera física
mediante muros o alambrados, pero no siempre es el caso. Por esto se habla de convención
en la cual los países involucrados acuerdan hasta donde llegan sus respectivos límites.
Al sobrepasar dicha frontera se estaría entrando en el territorio de un país
vecino. Es así como la frontera supone en sí una soberanía. También se considera que las fronteras pueden
ser terrestres, marítimas, fluviales, lacustres y aéreas.
Durante
el transcurso de la historia, las fronteras han sido siempre de gran
importancia en la sociedad, debido a que estas denotan poder, pero durante el
desarrollo del Siglo XX se pudo observar un gran crecimiento en el interés hacia
las fronteras, como señala en el antropólogo Hindú Arjun Appadurai, para el
cual
“los flujos migratorios han existido en toda la historia de la humanidad, insiste en que a lo largo del siglo XX se han incrementado, tanto en cantidad, como en velocidad. La consecuencia más destacada de este cambio es la aparición de un nuevo orden de inestabilidad: disminuye el poder de los estados naciones y el espacio se va desterritorializando, de modo tal que ya no resulta posible identificar imágenes culturales con contextos locales, sino que los imaginarios se hacen fluidos y se dispersan y extienden a lo largo del planeta”.
También se centra en que los cambios que la postmodernidad ha traído con sí, influyen directamente en
“…la profusión de personas (alude literalmente a “refugiados, turistas, trabajadores, invitados, ilegales e intelectuales” 1996:160) que traspasan sus fronteras, así como por el aumento de la imaginación que lleva a pensar otras formas de configurar el Estado. De este modo, la comprensión clásica del Estado como un todo cerrado con fronteras claramente delimitadas debe ser superada, para aportar un nuevo concepto de Estado fluido y cambiante, fragmentado y disperso”.
Por otro lado, el antropólogo mexicano Néstor García Canclini complementa el pensamiento de Appadurai refiriéndose frente la afirmación de que si bien el tema de posmodernidad comprende directamente al tema territorial “la posmodernidad no debe ser entendida
como una nueva etapa en la historia, sino como un “modo de problematizar los
conceptos básicos de la modernidad y mostrar sus deficiencias conceptuales a la
hora de comprender fenómenos complejos con la vida en la frontera”.
Cultura
Desde el principio de la antropología, se ha tenido el
mismo debate en cuanto a que se considera cultura y a que no, hasta el día de
hoy antropólogos, artistas, gestores, psicólogos, sociólogos y demás siguen debatiendo
la misma cuestión. Resumidamente se puede decir que no fue hasta el siglo XIX
que las ciencias sociales aceptaron el concepto de cultura, aceptando la tesis
que propuso Kroeber, el antropólogo que descubrió la cultura.
El concepto de cultura se fue
incrementando con el pasar de los años y de los siglos hasta que en la edad
media con el desarrollo de los países, las costumbres, la tecnología, y demás
este concepto como tal fue cogiendo fuerza en la sociedad, hasta el punto de
poder llamar a la gente culta o inculta dependiendo de diferentes factores
sociales, económicos, y académicos, que marcaban las diferencias de nivel
social, principalmente en la Europa del S. XVI, XVII, XVIII y XIX.
Se puede establecer que la cultura incluye factores
materiales como lo son los artefactos y la tecnología y mentales que son las normas y valores.
“Las culturas material en inmaterial de las sociedades
preliterarias… mostraban en general un carácter altamente integrador debido a
que las estrategias para la caza de animales parecían siempre acompañadas e
influidas por ritos religiosos… Los elementos materiales y no materiales de su
cultura se prestaban mutuo apoyo como elementos inseparables de la adaptación
de los bosquimanos a su medio” (p.47).
Por otro lado la Unesco
dio a conocer su concepto hacia la cultura diciendo: “La cultura… puede considerarse… como el conjunto de
los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos
que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba además de las
artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser
humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias” La
cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que
hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y
éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos
opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo,
se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias
realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que
lo trascienden”.
Geopolítica
Se
entiende como Geopolítica la disciplina que se encarga de la situación política
de un lugar y su asociación con la geografía que está comprometida.
Dentro
de las teorías de geopolítica, se pueden destacar la de Nicolas Spykman, para él,
la política exterior siempre va a girar en torno al poder y se refiere de la
siguiente manera “Sin fuerza mecánica –capacidad de mover una masa- no puede
haber tecnología. Sin poder político –aptitud para mover hombres- la técnica no
puede servir a designios sociales. Por eso toda la vida civilizada descansa en
última instancia sobre el poder”.
Por
su parte el político e historiador Rudolf Kjellen y creador del vocablo política
se refirió hacia está diciendo que “La Geopolítica concibe al
Estado como un organismo geográfico o como un fenómeno en el espacio”. Esto se
puede considerar como un concepto un poco más abierto o general en cuanto a la definición
de esta.
En cuanto a definiciones o
concepciones geopolíticas, existen muchas tesis y cada una se enfoca de
diferentes maneras, siendo así, se encuentra la teoría de Heartland, la cual esta
atribuida al Imperio Británico y que a su vez se contrapone frente a la teoría marítima
de Mahan, marcando al mundo en tres grandes zonas: Islas periferia, islas
interiores e isla Mayor, siendo esta la más importante, ya que controla tres
continentes Europa, África y Asia.
Por su lado la teoría de de James Fairgrieve crea su
concepto siendo este discípulo de Mackinder, pero se concentra más en un
pequeño estados sobrevivientes de la economía frágil y que han logrado desenvolverse
de manera satisfactoria en el desarrollo de las relaciones internacionales.
Postmodernidad
En el mundo avanzado en el
que se vive hoy en día, se puede entender como teoría postmodernista, al
movimiento no solo filosófico, sino artístico y cultural de los últimos siglos,
que se oponen de cierta manera al modernismo, queriendo mostrar al mundo que el
conocimiento humano es una construcción de carácter social y que las
afirmaciones de la verdad son obra política y de orden mundial. La postmodernidad
en sí, trata de entender a cada persona como un individuo único que posee la
capacidad para entender el mundo de manera propia, sin necesidad de estar de
acuerdo con las opiniones de los demás, también se caracteriza por la aceptación
del ser tal y com este es, sin importar las diferencias sociales, culturales,
sexuales, espirituales, etc…
Según las ideas filosóficas que
plantea el postomodernismo se puede ver ejemplos a cerca de diferentes
variales, como la verdad subjetiva, en la que por ejemplo “ Lyotard
sugiere que debemos ser escépticos de tales explicaciones extensas. Por
ejemplo, la afirmación "De tal manera amó Dios al mundo" es absurda
para los postmodernistas por dos razones: (1) ellos niegan la existencia de
Dios, y (2) las afirmaciones que reflejan al mundo entero (macrorelatos) son
imposibles” (2006).
Además de propuestas de
antirealismo y construcción de la realidad
que plantean que no todo es como se ve o como lo muestra las grandes cadenas de
televisión o los gobiernos, por ejemplo en el año 1991 Jean Baudrillard afirmó
que “la guerra del Golfo no fue real, sino simplemente fue simulada por la
cadena de televisión CNN. La verdad de que personas reales murieron no pareció
entrar en la educación”.
Cronología del Proyecto (línea de tiempo)
https://www.preceden.com/timelines/332142-hummus
1922
Partición del Imperio Otomano después del final de
la Primera Guerra Mundial. Los futuros territorios de Israel y Palestina, que
hacen parte de la partición, quedan bajo dominio de Gran Bretaña con el Mandato
británico de Palestina, encomendado por la Sociedad de Naciones (antecesora de
la Organización de las Naciones Unidas).
1930
Por primera vez, las organizaciones sionistas
americana e internacional de mujeres, promotoras de la identidad, la tradición
y la cultura judías, recomiendan la comida palestina para los judíos en el
marco de un programa de racionamiento de comida que se intensificará durante
los años más duros de la Segunda Guerra Mundial.
1933-1945
Aumenta la inmigración masiva de judíos europeos al
territorio del Mandato británico de Palestina. Las tensiones entre la población
judía y la población árabe ponen de manifiesto la necesidad de una intervención
global en este territorio.
1947
La Asamblea General de la Organización de las
Naciones Unidas, sucesora de la Sociedad de Naciones, aprueba una propuesta
para dividir el territorio del Mandato británico de Palestina en dos estados,
uno judío y otro árabe. Los países árabes de la región y muchas otras potencias
internacionales están en desacuerdo con la propuesta.
1948-1949
Israel declara su independencia, reconocida, entre
otros, por la Unión Soviética y los Estados Unidos, y rechazada por los países
árabes circundantes al recién creado estado. La situación desencadena la guerra
árabe-israelí que terminará en 1949 con tratados de paz entre Israel, por una
parte, y sus nuevos vecinos, Egipto, Jordania, Líbano y Siria. Entre muchas
otras consecuencias, Israel extendió su territorio en un 23% adicional a lo que
había propuesto las Naciones Unidas y más de setecientos mil árabes palestinos
tuvieron que salir forzados del territorio. Es, también, el inicio de la
ocupación israelí de la actual Palestina y el contexto general del conflicto
entre los dos estados.
1950-1960
Después de varias décadas de rechazo sistemático a
la comida palestina, los judíos que viven en el estado de Israel comienzan a
consumir hummus abiertamente. Incluso se convierte en una comida familiar y
cotidiana para sus fuerzas armadas. En medio de fuertes medidas de
racionamiento alimentario del gobierno israelí, mucha gente comienza a viajar a
los territorios palestinos ocupados en busca de comida; encuentran, en vez de
carne, hummus que llevan de vuelta a sus hogares.
1958
La productora de alimentos Telma, asentada en el Estado de Israel, inicia la producción y venta de hummus.
1964
Moli Bar-David, un autor judío procedente del Estado de Israel, publica un libro titulado Folkloric Cookbook, donde sugiere que el hummus es parte de la identidad judía desde tiempos bíblicos. Comienza, entonces, la consolidación del hummus como parte esencial de la identidad cultural del Estado de Israel.
1968
Diez años después de iniciar la producción industrial de hummus, la empresa de alimentos Telma ha vendido quince millones de unidades de hummus en Israel, cuya población para la fecha es de tan solo tres millones de personas.
1978-1982
El Estado de Israel invade el Estado del Líbano como respuesta a la presencia de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en ese país. La tensión entre ambos países estalla definitivamente el 6 de junio de 1982 cuando las fuerzas israelíes se enfrentan directamente con las milicias de la OLP. La ocupación militar israelí del sur de Líbano terminó en el año 2000.
1995-2000
Tras varias décadas de intensos conflictos bélicos, Israel firma acuerdos de paz con distintos países árabes como Jordania y Siria. Paralelamente, el hummus árabe comienza a ganar reputación entre algunos judíos de Israel como el hummus “auténtico” y “original”.
2006
En medio de una disputa simbólica por la identidad y la cultura de Medio Oriente, inician las guerras del hummus. En Nueva York, la empresa de alimentos Sabra, que hace parte del consorcio comercial del mayor productor de comida en Israel, establece un récord Guinness por el plato más grande de hummus (3 metros y medio de diámetro y 400 kilos de peso).
2007
En medio de intensas negociaciones entre Siria e Israel alrededor de la instalación de un reactor nuclear, se rumora el envío de un tarro de hummus por parte del presidente sirio Bashar al-Assad al primer ministro israelí Ehud Olmert.
2008
La Asociación Libanesa de Industriales amenaza con
emprender acciones legales contra Israel si sigue vendiendo la crema de
garbanzos como “hummus”. Intentan establecer ante la Unión Europea y la
Organización Mundial de Comercio la denominación de origen “hummus” para la
preparación que se haga en el Líbano exclusivamente (así como solo se puede
llamar “parmesano” el queso producido en la región de Parma en Italia). Aunque
el reclamo es rechazado por ambas organizaciones, es una de las respuestas a la
apropiación israelí del hummus como plato nacional.
2009
Una agrupación de cocineros y activistas libaneses
baten el anterior récord guinness para la preparación más grande de hummus:
1451 kilos.
2010
En enero, en la ciudad de Abu Gosh, en Israel, vuelve a romper el récord guinness de hummus: 4 toneladas de hummus. Meses más tarde, el mismo año, un plato de más de 10 toneladas fue presentado por los libaneses como nuevo récord guinness.
El Comité sobre Palestina de la Universidad de Princeton impulsa el sabotaje al consumo de humus de la empresa Sabra, líder de alimentos en Israel.
2011
Una ciudad italiana de la Toscana, Forte dei Marmi, prohíbe
la apertura de restaurantes con cocinas “étnicas”, entre otras, la de
Palestina.
2014
En Pittsburgh, Estados Unidos, un restaurante
llamado “The Conflict Kitchen” prepara un menú especial con comida de
Palestina, uno de cuyos principales platos es el hummus. Organizaciones judías
de la ciudad se manifiestan en contra de este programa y de la inclusión de hummus
en el menú como “palestino”.
RECOLECCIÓN DE ANÁLISIS Y DATOS
Comer es uno de los actos fundamentales de la
condición humana. Ninguna sociedad ni ningún individuo pueden escapar a su
dominio. Pero a pesar de ser un universal, es también uno de los actos más
diversos en nuestra especie: de persona a persona, de un territorio a otro, la
comida varía significativamente. Hay gente que no come carne y otra que solo lo
hace en ciertas ocasiones; pueblos que no incluyen dentro de sus comestible
ciertas raíces y movimientos culturales que las ensalzan; periodos históricos
de escasez donde priman ciertas bebidas y otros donde se industrializa la
producción de alcohol. En cada caso concreto, la comida aparece como un
elemento que a la vez nos identifica como humanos (lo que nos hace humanos) y
que nos diferencia como sociedades.
Además de ser cruce fundamental de lo universal y de
lo particular, la comida también está en la intersección entre lo que nos da la
naturaleza y lo que nos da la cultura (ver, Lévi-Strauss, 1964-1971). Todos sus
componentes se encuentran en el entorno: el agua, las frutas, los vegetales y
las carnes están dispersas de manera heterogénea en el mundo. Sin embargo, nada
de eso es naturalmente comida: debe estar siempre mediada por la cultura, tanto
en la práctica de recolectar, sembrar, cazar o almacenar como en la
simbolización que define lo que se puede de lo que no se puede comer. Al
sentarnos a la mesa a compartir los alimentos se hacen presentes estas
diferentes intersecciones.
Es por esta razón que hemos escogido un alimento, el
humus, como una ventana para reflexionar sobre la geopolítica del conflicto
entre Palestina e Israel. Su presencia cotidiana parece querer decir que nos
aproximamos a este tema desde una perspectiva un tanto trivial y banal. Se nos
permitirá decir, en cambio, que precisamente lo que queremos es rescatar la
humanidad que está presente en un conflicto altamente mediatizado por los
estereotipos, por los prejuicios y por la deshumanización del otro. Queremos
rescatar la complejidad del conflicto y sus variantes geopolíticas a partir de
una mirada cercana y cotidiana a las prácticas y a los símbolos de la gente que
lo ha padecido en los últimos 70 años.
El humus, descrito rápidamente como una crema de
puré de garbanzos cocidos con zumo de limón con pasta de tahina y aceite de
oliva, es un plato muy popular y de una extendida distribución en todo Oriente
Medio. Usualmente se sirve frío y se acompaña de pan pita, en compañía de la
familia y de los amigos. No solo se prepara domésticamente, sino que se produce
industrialmente. Es, de hecho, uno de los productos principales de ciertas
empresas de alimentos y se distribuye de esta manera en todo el mundo.
Desde hace diez años, hemos asistido a lo que algunos
comentaristas han denominado “las guerras del hummus” (Ariel, 2012), una
extensión de las tensiones entre los países de tradición árabe con el estado de
Israel en Medio Oriente. Para nosotros, no solo se trata de un “reflejo” de las
relaciones geopolíticas de un problema muy extenso y al cual nos hemos ya
referido, sino que se trata, de hecho, de la prolongación de ese conflicto, de
sus causas y de sus motivaciones. Es, en toda ley, una verdadera geopolítica de
la comida la que aparece manifestándose en este escenario.
Empezaremos esta historia en un asunto tan trivial
como el propio humus y, si es posible, incluso más banal que un grano de
garbanzo. Muy lejos de Israel y Palestina, literalmente al otro lado del mundo,
en Nueva York se está preparando un gran gesto simbólico: la empresa Sabra
comienza a gestionar la preparación del plato más grande de humus jamás
servido para que fuera reconocido como un récord guinness. La historia,
bastante simple desde afuera, tiene un poderoso contenido geopolítico que vale
la pena desentrañar. Como hemos aprendido a lo largo del curso, la localización
del conflicto es, esencialmente, política. La empresa es parcialmente propiedad
del mayor productor de alimentos en Israel, actualmente conocido como Strauss
Group Ltd. Su aventura en Estados Unidos comienza con la fundación de Sabra en
alianza con PepsiCo, una de las multinacionales de alimentos más grandes en el
mundo. La alianza comercial entre los dos grandes conglomerados hace parte de
la más amplia historia de apoyo entre los Estados Unidos e Israel, forjada al
final de la Segunda Guerra Mundial y extendida en todos los niveles, desde el
político hasta el militar.
El nombre de la empresa es, en sí mismo, un canto a
la geopolítica de las relaciones entre Estados Unidos e Israel: Sabra Dipping Company. En el mercado
estadounidense, la idea no es vender humus, un plato tradicional del Medio
Oriente, sino un “dip”, una salsa o crema para untar. La estrategia comercial
de la compañía fue un éxito rotundo: de un plato exótico a un plato de consumo
rápido en los mayores eventos culturales de Estados Unidos, como en las grandes
comidas y reuniones durante las finales de fútbol americano (Goodson, 2015).
Esta concepción de lo masivo y de lo rápido se opone, por completo, a lo
doméstico y lo familiar de la idea del humus en Palestina, por ejemplo. Pero,
precisamente, de eso se trata: de la transformación de un producto cultural
como parte de las estrategias geopolíticas de control y gobierno en el mundo.
Porque no solo se trata de que sea una compañía de
“dips”. Sabra, en hebreo tzabar, es
la denominación que se les da a los judíos nacidos en el estado de Israel. Es
una expresión que responde a una de las condiciones trágicas de la población
judía: el exilio permanente de su propia tierra desde los tiempos del antiguo
testamento. La elección del nombre para la compañía es, en ese sentido, no solo
sintomática, sino ejemplar: es una compañía que produce alimentos en nombre de
los judíos nacidos en Israel. Y si esa compañía se propone a hacer el plato más
grande de humus que se ha registrado en el mundo, ¿qué significa? Significa
que los judíos nacidos en Israel, aquellos que han regresado del exilio, aman
profundamente el humus y lo consideran significativo de su historia, de su
cultura y de su visión del mundo. Se trata, por lo tanto, de hacer una
declaración política a partir de una simbolización del humus. Al hacer el plato
más grande de humus, la empresa, y a través de ella el estado de Israel,
quieren hacer pasar por natural la compleja historia de apropiación del humus.
Y es allí, en ese punto, donde el conflicto se desata.
Según la investigadora Dafna Hirsch (ver, por
ejemplo, Hirsch, 2011, y Hirsch y Tene, 2013), el humus solo aparece como
parte de la dieta de los judíos durante las políticas de escasez puestas en
marcha en el territorio del antiguo Mandato británico para Palestina. Antes de
eso, al ser considerado fundamentalmente como plato árabe, la posibilidad de
que los judíos consumieran humus masivamente, y con tanto apego emocional,
parecía muy remota. Sin embargo, ya para finales de los años sesenta del siglo
XX, el humus comienza a aparecer en el centro de las narrativas y las
prácticas simbólicas del estado de Israel como estado-nación.
La comida, como sabemos, es fundamental en la
construcción política de las narrativas identitarias (Appadurai, 1981; Goody,
1995). Nuestra perspectiva no es señalar que el humus es “originalmente”
árabe, sino mostrar cómo se convierte en un espacio de discusión y formación de
símbolos. Y, en ese sentido, esto ocurre en el contexto de la transformación
geopolítica de Medio Oriente. Con la creación del estado de Israel se trata,
como en cualquier estado-nación, por una parte de diferenciarse de los vecinos,
en su mayoría países árabes, y por otra parte de consolidar una comunidad
imaginada (Anderson, 1983). A partir de la transformación demográfica de
Israel, de la consolidación de su población y también en el transcurso de las
distintas tensiones bélicas con Líbano, Egipto, Jordania o Siria, el humus va
adquiriendo un papel simbólicamente relevante en la identificación de los
judíos con el estado de Israel.
Por supuesto, el gesto no pasa desapercibido para el
mundo árabe. En Estados Unidos varias organizaciones que son críticas de la
actuación de Israel en Medio Oriente y, en especial, con Palestina, denuncian
la invisibilización de los árabes en esta exaltación nacionalista que Israel
hace del humus. En la Universidad de Princeton y en la de DePaul, por ejemplo,
se llama a boicotear el consumo del humus de Sabra (Lewin, 2010) y en
Pittsburgh un restaurante diseña un menú palestino que incluye al humus como
uno de sus platos tradicionales (Marsico, 2014). Nos disputamos, de esta
manera, la narrativa del conflicto muy lejos de donde se está viviendo (Medio
Oriente), pero muy cerca de donde se toman las decisiones (Estados Unidos).
Pero también en los propios territorios del
conflicto se desarrollan estrategias para disputar esta narrativa. En
particular, Líbano, un país que tiene una historia especial con Israel, promueve
distintas acciones. Una, que no prospera, pero que es un gesto diplomático muy
poderoso, es una solicitud ante la Unión Europea y la Organización Mundial de
Comercio para que le otorguen al “humus” una denominación de origen, lo que
significa que solamente el humus producido en ese país podría llamarse de esa
manera y todo lo demás (incluyendo, por supuesto, el que se hace en Israel o el
que distribuye Sabra en Estados Unidos) solo pueda llamarse salsa o crema de
garbanzos. La denominación de origen es uno de los mecanismos más interesantes
que tiene la Organización Mundial de Comercio para cuidar los vínculos
culturales en la producción de distintos tipos de mercancías, desde alimentos
hasta artesanías. La intención de los libaneses que impulsan esta solicitud es,
precisamente, señalar que el humus está muy lejos de ser un plato israelí y
que tiene unas raíces árabes muy profundas.
Como la normatividad es tan solo uno de los ámbitos
donde se pueden disputar los símbolos del conflicto geopolítico, otro grupo de
libaneses optan por superar el récord guinness impuesto por Sabra. En 2009,
logran superarlo, pero solamente para ser superados de nuevo por un activista
israelí en 2010, quien a su vez se verá derrotado por otra asociación libanesa
unos meses después. La seguidilla de récords que se vencen es mucho más que un
juego entre estos países: es un escenario donde se controla la representación
de sí mismo y del otro.
CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES
Nos gustaría, entonces, señalar distintos aspectos
del conflicto entre Israel y Palestina que nos ha permitido reconocer la
disputa por el hummus. En primer lugar, la definición de este conflicto como un
asunto geopolítico y no religioso ni cultural. Nos oponemos fuertemente a decir
que este conflicto hunde sus raíces en una oposición entre las religiones o las
culturas de estos pueblos y, por el contrario, queremos señalar que es el
resultado de las políticas de control del territorio del Medio Oriente después
de la Primera Guerra Mundial y hasta nuestros días. En el caso del hummus esto
queda muy claro: una comida que a comienzos del siglo XX no hacía parte de la
dieta judía y que es marcadamente reconocida como árabe se ha convertido a
comienzos del siglo XXI en una comida central para el pueblo de Israel y para
toda su diáspora a pesar de reconocer el particular sabor de la producción de
los árabes (Hirsch y Tene, 2013).
En segundo lugar, la condición global del
capitalismo como matriz esencial para comprender el conflicto geopolítico.
Buena parte de lo que se descubre en las estrategias de la guerra por el humus
es que hay una fuerte inversión económica por parte de grupos poderosos para
formar la imagen que favorece sus propios discursos y representaciones sobre el
conflicto. Ya sea multinacionales enormes, como la alianza entre Sabra y
PepsiCo, o asociaciones de individuos privados, como los libaneses que disputan
la denominación de origen del humus, el control y la expansión del capital
hacen parte fundamental del desarrollo del conflicto. Una vez más, la comida
ilumina la naturaleza del conflicto entre Israel y Palestina: control sobre el
territorio, control sobre los recursos. En efecto, se trata de una situación en
la cual una sociedad, la palestina, está sometida al dominio de un estado, el
de Israel, y es en el desarrollo de esta problemática relación donde debemos
pensar y reflexionar sobre los conflictos militares y políticos de la región.
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-9 Mapas que Explican lo que Está Pasando en Oriente Medio (2015). RT. https://actualidad.rt.com/actualidad/171682-mapas-oriente-medio-conflictos
-El Rompecabezas Geopolítico que Alimenta el Conflicto en Siria
Intereses de EE. UU., Rusia, Irán y Arabia Saudí, y el extremismo islámico, atizan esta guerra. El Tiempo. http://www.eltiempo.com/mundo/medio-oriente/el-rompecabezas-geopolitico-que-alimenta-el-conflicto-en-siria-44722

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