domingo, 22 de octubre de 2017

Guía 2. La Posmodernidad



UNIVERSIDAD EAN
FACULTAD DE ESTUDIOS EN AMBIENTESVIRTUALES

MODERNIDAD, POSTMODERNIDAD Y GEOPOLÍTICA


GUÍA 2

LA POSTMODERNIDAD


AUTORAS
ALEXANDRA JAIME
LUCÍA MARTÍNEZ CASTELLANOS


TUTOR
WILLIAM SALAZAR GALLEGO

BOGOTÁ, DC. 22 DE OCTUBRE DE 2017





LA POLÍTICA DEL HUMMUS


Resumen 

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la relación del estado de Israel con el mundo árabe en Medio Oriente ha sido uno de los asuntos geopolíticos centrales de nuestro tiempo. En este trabajo queremos aproximarnos a la complejidad histórica, económica y cultural de este conflicto a partir del análisis de las guerras del humus, una disputa de carácter global por este alimento como símbolo de la identidad y de la historia de una sociedad.

Abstract


Since the end of the Second World War, the relationship between the State of Israel and the Arabic world in the Middle East has been one of the main geopolitical issues of our time. In this essay, we would approach the historical, economical and cultural complexities of this conflict through the analysis of the hummus Wars, a global dispute for this dish as a symbol for the identity and the history of a society. 

INTRODUCCIÓN
En el marco de las preocupaciones de la geopolítica, la experiencia cotidiana de las personas que se ven impactadas por los grandes conflictos globales pasa usualmente desapercibida. Aunque en los medios de comunicación y en los libros de historia se amplifican y se registran las decisiones que toman los mandatarios y las autoridades de los estados en conflicto, debe reconocerse que los individuos experimentan estas situaciones desde lugares muy diferentes y, por lo tanto, en los cuales la geopolítica tiene un rostro determinado. No es lo mismo un conflicto global para un soldado en el frente de batalla, para un economista en las oficinas centrales del gobierno y para un ciudadano que no puede adquirir un producto en su tienda local.
En ese sentido, adoptamos un enfoque sociocultural de un problema geopolítico de gran envergadura, en especial a partir de la Segunda Guerra Mundial. Nos interesa pensar, con Habermas, por una parte, las consecuencias culturales de la modernidad, más allá de su expresión política en los Estados-nación o en su expresión económica en el mercado capitalista global y, por otra parte, con Dussel, la comprensión del islam y del judaísmo no como una suerte de “antecesores” de la cristiandad –que en el mito eurocéntrico de la modernidad se constituye en su origen-, sino como sus contemporáneos y como provenientes de un marco ideológico compartido, ignorado intencionalmente por la propaganda internacional que insiste en diferencias culturales esenciales entre las religiones y sus practicantes como raíces de los conflictos que vivimos. La necesidad de desarrollar una investigación de enfoque sociocultural del conflicto entre Israel y Palestina la encontramos en una intención inicial: debatir la idea de que las personas tienen conflictos porque son culturalmente diferentes. Esta idea, propugnada sobre todo por analistas como Francis Fukuyama o Samuel Huntington oscurecen las profundas relaciones históricas entre los pueblos e invierten el orden de las cosas: en vez de explorar cómo los intereses políticos y económicos generan conflictos, nos hace creer que los conflictos son producto del desencuentro y de la diferencia entre culturas.
Tal vez no exista un mejor escenario para poner a prueba nuestra mirada que el conflicto entre Israel y Palestina en Oriente Medio. Cuando decimos que tenemos un enfoque sociocultural no decimos, entonces, que analizaremos las “diferencias culturales” entre ambos pueblos, sino que veremos cómo en la vida diaria, en sus prácticas y en sus actividades, la gente concreta que habita la región en conflicto o que tiene un vínculo concreto con ella interpreta esta situación. Por ello, consideramos el alimento, y en particular el hummus, como nuestro objeto de análisis: un elemento profundamente material y simbólico al mismo tiempo, aparentemente omnipresente, y que permite vislumbrar cómo en el día a día la gente (sobre)vive en una región intensamente vigilada por los grandes poderes globales. A partir de esta tensión, nos interesa explorar en este trabajo lo que se denomina “la política del hummus”, esto es, el conjunto de relaciones sociales, políticas, económicas y religiosas que atraviesan el consumo de hummus entre las personas que viven el conflicto entre Israel y Palestina en Medio Oriente.



JUSTIFICACIÓN
Paradójicamente, la importancia de centrarse en la comida está en su total mundanidad. Nada más útil que acercarse a uno de los grandes conflictos geopolíticos del siglo XX y del siglo XXI que a través de un conjunto de ingredientes, unas sustancias y unas prácticas que son inevitables para las personas. El acto cotidiano y aparentemente trivial de sentarse a la mesa y compartir la comida pareciera no tener nada que decir a las grandes narrativas sobre las causas y consecuencias de la situación geopolítica en Medio Oriente. Y, sin embargo, las posibilidades que se abren al concentrarse en ella parecen ser prometedoras.
En primer lugar, porque la comida permite vincular críticamente tres conceptos clave para nuestro análisis: modernidad, posmodernidad y geopolítica. Los ingredientes que da la naturaleza y su procesamiento en ciertas recetas parecen estar por fuera de estas caracterizaciones. Al final, ¿no se supone que la comida está en la naturaleza? Sin embargo, su transformación en alimento, su socialización como encuentro, su repartición como vínculos sociales, convierten al acto de comer, y al de cocinar, por añadidura, en actos eminentemente sociales. Pero es en su anclaje en el capitalismo donde podemos entender cómo a través de la comida se iluminan los vínculos geopolíticos de la modernidad y la posmodernidad. El caso del hummus lo ilustra bastante bien.
Por una parte, más allá de ser una receta tradicional del Medio Oriente, el hummus se consume por casi todo el mundo. En distintas formas y presentaciones, desde acompañante en restaurantes hasta embotellado en venta en grandes superficies, nuestro encuentro con el hummus es un encuentro directo con las vías del capitalismo y con la acción de la geopolítica. De alguna manera, aún por describir, no tenemos problema en consumir lo árabe; en un mundo cada vez más atravesado y aterrorizado por el racismo asociado al terrorismo extremista, donde el islam se estigmatiza como religión de la violencia, es, por decir lo menos, sorprendente la apertura hacia los productos culturales (en este caso, alimenticios) árabes. Antes de examinar estas relaciones y estas emociones con “lo exótico” y “lo oriental”, vale la pena insistir en que si tenemos, en este rincón del mundo, la posibilidad de consumir hummus y hasta nos hemos familiarizado con él es en virtud de la geopolítica del siglo XX y del siglo XXI, esto es, de las relaciones políticas, económicas, mercantiles y sociales que tienen lugar en una escala global. Puede ser un plato inocentemente puesto en nuestra mesa, pero es un resultado de la histórica relación de poder en las últimas décadas.
Por otra parte, las dimensiones modernas y posmodernas de esta situación no deben escapar nuestra atención. Siguiendo los lineamientos de Habermas para pensar la modernidad y la posmodernidad, las señalamos no como dos etapas sucesivas en la historia del mundo, sino como dos actitudes con respecto a ciertos fenómenos. En su condición moderna, la política del hummus recuerda cómo hemos naturalizados las construcciones geopolíticas: pensamos en términos de estados como límites auto-contenidos con sus sociedades, sus culturas y sus cosmovisiones; planteamos las tensiones en función de los principios modernos de la lectura del mundo en la cual atamos un territorio a una identidad y, desde allí, formulamos el problema. No podemos escapar a estas convenciones, sencillamente esenciales para la comprensión de la geopolítica contemporánea. A un mismo tiempo, la política del hummus solo puede tener sentido en una lectura posmoderna que cuestiona a las identidades culturales como referentes sólidos y estables legitimados por los estados nacionales y legitima las prácticas del consumo, en el capitalismo, como declaraciones, afiliaciones e indicaciones de la subjetividad, tal y como lo ha señalado Călinescu.
Creemos que la comida tiene la virtud de explorar las dimensiones modernas y posmodernas de la geopolítica en el conflicto entre Israel y Palestina por sus propias características. La comida es, esencialmente, ambigua: viene de una tierra y se ancla en un territorio, pero se distribuye por redes sociales heterogéneas por todo el mundo; es esencialmente un acto vital del individuo, pero que se realiza en intrincadas prácticas y experiencias de socialización; puede ser el producto de una sociedad, una cultura o una persona considerada radicalmente distinta y aun así ser completamente asimilada, introducida en el propio cuerpo y asumida como propia (Hirsch, 2011). En la comprensión de lo que se mueve y se pone en cuestión en la política del hummus, nos interesa pensar en la construcción de la identidad étnica, la superación del esencialismo cultural y religioso y la vida cotidiana de la geopolítica.

DEFINICIÓN DEL ENFOQUE Y LA REGIÓN

Planteamiento del Problema
La región del Medio Oriente solo puede definirse como conflictiva en el contexto geopolítico posterior a la Segunda Guerra Mundial. La implantación del Estado de Israel, como reparación a la persecución y asesinato de judíos en toda Europa a manos del nazismo, con el apoyo militar y económico de los aliados vencedores en este territorio re estableció la dinámica de las relaciones sociales y culturales entre el islam y judaísmo en la región. No se trata, por lo tanto, de un problema “cultural” o “religioso”, como muchas veces se explica en las noticias y en algunos proyectos de intervención en la región, sino de un asunto que hunde sus raíces en las relaciones globales entre estados y en la distribución de poder entre ellos. Es importante considerar las dos caras de este contexto: por una parte, la desestabilización mundial que produjo la Segunda Guerra Mundial con la sujeción de Alemania a la vigilancia de Estados Unidos y la Unión Soviética y el acuerdo de mantener el equilibrio global que dio origen a las Naciones Unidas y, por otra parte, la traumática experiencia de millones de judíos perseguidos y aniquilados en toda Europa no solo por la acción del nacionalsocialismo, sino también por la pasividad de las demás potencias. En una perspectiva de mayor alcance temporal, tendría que considerarse la reducción de Alemania con el Tratado de Versalles al finalizar la Primera Guerra Mundial y el sentimiento antisemita que ha permeado la presencia de los judíos en Europa desde hace varios siglos. 
Sin pretender establecer con todos los matices las consecuencias de la creación del Estado de Israel en la región, la relación con los palestinos y con su deseo de ser reconocidos como un Estado por derecho propio es de los asuntos más apremiantes en la región. Múltiples análisis se han ocupado, y lo hacen hoy en día, de entender las diferentes variables que intervienen en esta relación: la dominación económica, el apoyo militar, la soberanía de hecho sobre el territorio… Cada uno de estos análisis privilegia las relaciones globales y fuertes de la geopolítica, aquellas que son fundamentales para comprender cómo se da la distribución del poder estatal a nivel global y la naturaleza de las relaciones. Sin embargo, la vida cotidiana de las personas que viven en estos territorios no está solo orientada o dirigida por estos grandes relatos y sus grandes campos de influencia. Por el contrario, a nivel de la calle, de la casa y de las comunidades que viven en el Estado Palestino y en el Estado de Israel, la vida tiene otros matices, otras experiencias en las cuales cristalizan y se reflejan los distintos niveles de la situación geopolítica. Tras la implantación del Estado de Israel y la compleja situación geopolítica en su relación con Palestina, la comida ha servido como un vaso comunicante allí donde todas las demás estrategias han fallado. No se trata, sin embargo, de algo esencialmente bueno o que tienda a resolver el conflicto; en algunas circunstancias, también puede reiterarlo y reproducirlo.


En árabe, humus significa literamente garbanzo. Por efectos del lenguaje, para nada secundarios, la misma palabra ha pasado a llamar un plato tradicional árabe, elaborado con garbanzo, tahine, semillas de ajonjolí, limón, especias y aceite de oliva. Ampliamente difundido en restaurantes que se autodenominan de medio oriente como acompañamiento, en Israel y en Palestina también se consume como un plato. Lejos de ser una receta o un plato consumido localmente, su extensión a nivel mundial acepta una lectura geopolítica. Por una parte, en los territorios y visiones políticas del conflicto del Medio Oriente, palestinos e israelíes comparten su aprecio, su cariño y sus memorias alrededor del humus. Para un conflicto que se ha planteado, esencialmente, como solucionable a partir de la eliminación del otro, de su cultura, de su lengua y, en particular, de su derecho a existir como estado, la existencia de este tipo de vínculos no debe menospreciarse. Luego, la apropiación de esta receta en corrientes del vegetarianismo o de la comida saludable, de la mano de la diáspora judía y árabe por todo el mundo como consecuencia de los conflictos engendrados por las políticas colonialístas europeas, ha hecho de este plato un invitado frecuente a la mesa de sociedades que se consideran a sí mismas como “occidentales” (es decir, desde un punto de vista eurocéntrico, como distintas al mundo árabe) y fundamentalmente católicas. De esta manera, la aparición de lo árabe en forma de comida, permite cuestionar las lecturas políticas y simbólicas de toda una tradición histórica y de su gente, en particular en los contextos racistas de persecusión y estigmatización del islam como religión esencialmente violenta y permisiva con el terrorismo.


PREGUNTAS DE INVESTIGACIÓN
¿Cómo se simboliza el conflicto geopolítico entre Israel y Palestina en las prácticas alimenticias de sus habitantes?
¿Cuáles son las historias de la creación y del consumo de hummus entre árabes y judíos?
¿Cuáles han sido los escenarios de apropiación del hummus en las cocinas “occidentales”?
¿Cómo se disimula o se resalta el carácter árabe del hummus en su circulación como mercancía en el capitalismo?

OBJETIVOS
Objetivo General
Analizar la simbolización del conflicto geopolítico entre Israel y Palestina en las prácticas alimenticias de sus habitantes.
Objetivos Específicos
Describir los significados atribuidos a los alimentos compartidos entre los habitantes de Israel y Palestina.
Indagar por la historia cultural de los alimentos compartidos en el islam y el judaísmo.

Exponer los contextos de circulación y consumo de los alimentos compartidos entre los habitantes de Israel y Palestina. 

FUNDAMENTO TEÓRICO Y CONCEPTUAL

Antecedentes Históricos
Dentro de los antecedentes históricos tanto de palestina como Israel y la zona en conflicto que es la Franja de Gaza. Puede decirse que la disputa entre ambas partes comienza durante el siglo XX, después de la segunda guerra mundial, donde millones de judíos fueron torturados, despojados de todas sus pertenencias y finalmente asesinados de la peor manera, en lo que se conoce como la peor masacre semitista de la historia. De esta manera lo que el  movimiento sionista pretendía, era mostrar a las naciones unidas que durante toda una vida, los judíos han sido población suficiente para ser considerados como nación, no simplemente un movimiento, o una religión y que merecían tener su propio estado. En ese entonces el territorio comprendido entre el rio Jordán y el mar Mediterráneo era considerado como sagrado, tanto para musulmanes, judíos y cristianos, y era “propiedad” del imperio Otomano el cual desapareció con el paso de la primera guerra mundial . Este se encontraba principalmente por árabes y musulmanes. Con el paso de los años y de toda la migración judía que causo la segunda guerra, una gran parte se fue moviendo y estableciendo en este territorio.  
Por este motivo la Liga de las Naciones hizo un llamado a Reino Unido, para administrar territorio Palestino. Aun así esto ya era un problema debido a las promesas que Reino Unido se había encargado de hacer a árabes y judíos, y que por diversos motivos, entre ellos la repartición que habían hecho junto con Francia del Medio Oriente. Este fue uno de los primeros momentos tensionantes que se produjeron entre ambas partes con la creación de grupos paramilitares judíos y grupos rebeldes árabes.
La segunda guerra mundial y el holocausto causado fueron un gran detonante para los sionistas y judíos en general en cuanto a la necesidad de establecer un territorio para los judíos.
De esta manera la nación de Israel se crea en el año de 1948, exactamente el día 14 de Mayo.
El desagrado de los vecinos países Irak, Siria, Jordania Y Egipto no se hizo esperar, y al día siguiente invadieron Israel. Y a partir de este momento todo el plan de territorio que Europa había destinado para Palestina fue invadido por tropas judías, quedándose estos con más de la mitad del territorio y despojando a los palestinos de la mitad de sus tierras. Más de 750.000 palestinos se vieron forzados a huir a países vecinos.    
Después de esto, los enfrentamientos entre judíos y palestinos no han cesado. En el año de 1956 durante la una serie de batallas, donde los judíos  saldrían victoriosos, tomando el control de la franja de Gaza, la Península del Sinaí a Egipto. Cisjordania a Jordania, y los Altos del Golán a Siria, en la llamada Guerra de los Seis Días. Sin embargo en 1973 la llamada guerra de Yom Kipur en la que Israel combatió contra Egipto y Siria permitió que estos últimos recuperaran el Sinaí entregado en su totalidad por los judíos en el año de 1982.
Por otra parte un día antes de expirar el Mandato británico de Palestina, Israel declara la independencia para el estado y justo al día siguiente solicitó ser miembro de las Naciones Unidas. Lo que lograron un año después con 162 miembros de 192 miembros que están dentro de la organización.

La Franja de Gaza
Como es bien sabido, además de los problemas por territorio a los que se enfrenta la zona cotidianamente, debido al control que tienen los Israelís sobre el territorio, aunque hayan retirado muchas de sus tropas, la salud, educación, orden territorial, abastecimiento de bienes y servicios y difícil economía son otros de los factores que azotan a los habitantes de esta región.

La población en la Franja de Gaza es aproximadamente de 4.505 personas por kilómetro cuadrado. Según estadísticas el 21% de ellos viven en pobreza extrema, los niveles de desempleo alcanzan un 40,85% lo que representa a casi la mitad de la población. Debido al rápido crecimiento territorial que la Franja presenta, los colegios tanto representados por la ONU como los del gobierno trabajan en doble turno, para poder brindar educación a la cantidad de niños y jóvenes posible, aun así no es suficiente. En cuanto a la salud,  aunque Gaza cuenta con un sistema comparable con países de medio y alto ingreso, las dependencias requieren mejoras y suministros. El suministro de agua potable no es suficiente para suplir la demanda y la cantidad de agua lluvia que pueden adquirir, por las características geográficas de la región no es mucha, sumado a esto el sistema de alcantarillado y de aguas residuales no está bien estructurado, lo que ocasiona inundaciones si se producen fuertes lluvias. 

MARCO TEÓRICO
El siguiente marco teórico que aquí se presenta, busca definir los conceptos que influyen directamente en el planteamiento del problema que este trabajo de investigación expone, para de este modo intentar mostrar al lector las diferentes perspectivas tanto de las definiciones como de los países inmersos dentro de la política del Humus. 

Guerra
La palabra guerra proviene de del franco “werra”. Según el Diccionario de Real Lengua Española,  define el término de guerra como desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.
Entre las definiciones más frecuentes de guerra encontramos las opiniones de Maquiavelo y Clausewitz.
De este modo Nicolás Maquiavelo se refiere a la guerra como “el resultado de lo imprevisible, lo variable, de lo incierto, y lo indeterminable de la política internacional. Así, en política exterior, la ruptura de las alianzas, los cambios en la coalición de los intereses, son suficiente amenaza para justificar la ocupación permanente del Jefe de Estado en el arte de la guerra. La guerra, como situación de excepción, reclama una situación de excepción moral que consiste en saber disimular y engañar para no caer bajo los golpes del adversario”. (Maquiavelo 2010).

Según Clausewitz “la guerra es algo natural ya que la verdadera lucha a muerte no produce coexistencia ni reconocimiento sino que significa simplemente que la existencia de uno depende de la destrucción del otro… No es otra cosa que la continuación de la política con el apoyo de otros medios. Decimos que a ella se agregan nuevos medios y, además, que la guerra misma no hace cesar las relaciones políticas, no las transforma en algo totalmente diferente, sino que continúan existiendo en su esencia, sean cuales fueren los medios de los que se sirven, y que los hilos principales que corren a través de los eventos de la guerra y a los cuales se vinculan, no sean más que lineamientos de una política continua que va de la guerra hasta la paz” (Clausewitz, 1999).

Fronteras
Según el diccionario, la palabra frontera está definida como una “línea convencional que marca el confín de un estado. Estas pueden ser delimitadas de manera física mediante muros o alambrados, pero no siempre es el caso. Por esto se habla de convención en la cual los países involucrados acuerdan hasta donde llegan sus respectivos límites. Al sobrepasar dicha frontera se estaría entrando en el territorio de un país vecino. Es así como la frontera supone en sí una soberanía.  También se considera que las fronteras pueden ser terrestres, marítimas, fluviales, lacustres y aéreas.
Durante el transcurso de la historia, las fronteras han sido siempre de gran importancia en la sociedad, debido a que estas denotan poder, pero durante el desarrollo del Siglo XX se pudo observar un gran crecimiento en el interés hacia las fronteras, como señala en el antropólogo Hindú Arjun Appadurai, para el cual 

“los flujos migratorios han existido en toda la historia de la humanidad, insiste en que a lo largo del siglo XX se han incrementado, tanto en cantidad, como en velocidad. La consecuencia más destacada de este cambio es la aparición de un nuevo orden de inestabilidad: disminuye el poder de los estados naciones y el espacio se va desterritorializando, de modo tal que ya no resulta posible identificar imágenes culturales con contextos locales, sino que los imaginarios se hacen fluidos y se dispersan y extienden a lo largo del planeta”.

También se centra en que los cambios que la postmodernidad ha traído con sí, influyen directamente en 

“…la profusión de personas (alude literalmente a “refugiados, turistas, trabajadores, invitados, ilegales e intelectuales” 1996:160) que traspasan sus fronteras, así como por el aumento de la imaginación que lleva a pensar otras formas de configurar el Estado. De este modo, la comprensión clásica del Estado como un todo cerrado con fronteras claramente delimitadas debe ser superada, para aportar un nuevo concepto de Estado fluido y cambiante, fragmentado y disperso”.

Por otro lado, el antropólogo mexicano Néstor García Canclini complementa el pensamiento de Appadurai refiriéndose frente la afirmación de que si bien el tema de posmodernidad comprende directamente al tema territorial la posmodernidad no debe ser entendida como una nueva etapa en la historia, sino como un “modo de problematizar los conceptos básicos de la modernidad y mostrar sus deficiencias conceptuales a la hora de comprender fenómenos complejos con la vida en la frontera”.


Cultura
Desde el principio de la antropología, se ha tenido el mismo debate en cuanto a que se considera cultura y a que no, hasta el día de hoy antropólogos, artistas, gestores, psicólogos, sociólogos y demás siguen debatiendo la misma cuestión. Resumidamente se puede decir que no fue hasta el siglo XIX que las ciencias sociales aceptaron el concepto de cultura, aceptando la tesis que propuso Kroeber, el antropólogo que descubrió la cultura. 
El concepto de cultura se fue incrementando con el pasar de los años y de los siglos hasta que en la edad media con el desarrollo de los países, las costumbres, la tecnología, y demás este concepto como tal fue cogiendo fuerza en la sociedad, hasta el punto de poder llamar a la gente culta o inculta dependiendo de diferentes factores sociales, económicos, y académicos, que marcaban las diferencias de nivel social, principalmente en la Europa del S. XVI, XVII, XVIII y XIX.  
Se puede establecer que la cultura incluye factores materiales como lo son los artefactos y la tecnología y  mentales que son las normas y valores.
 “Las culturas material en inmaterial de las sociedades preliterarias… mostraban en general un carácter altamente integrador debido a que las estrategias para la caza de animales parecían siempre acompañadas e influidas por ritos religiosos… Los elementos materiales y no materiales de su cultura se prestaban mutuo apoyo como elementos inseparables de la adaptación de los bosquimanos a su medio” (p.47).
Por otro lado la Unesco dio a conocer su concepto hacia la cultura diciendo:                      “La cultura… puede considerarse… como el conjunto de los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan una sociedad o un grupo social. Ella engloba además de las artes y las letras, los modos de vida, los derechos fundamentales al ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias”                                  La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden”.

Geopolítica
Se entiende como Geopolítica la disciplina que se encarga de la situación política de un lugar y su asociación con la geografía que está comprometida. 
Dentro de las teorías de geopolítica, se pueden destacar la de Nicolas Spykman, para él, la política exterior siempre va a girar en torno al poder y se refiere de la siguiente manera “Sin fuerza mecánica –capacidad de mover una masa- no puede haber tecnología. Sin poder político –aptitud para mover hombres- la técnica no puede servir a designios sociales. Por eso toda la vida civilizada descansa en última instancia sobre el poder”.
Por su parte el político e historiador Rudolf Kjellen y creador del vocablo política se refirió hacia está diciendo que “La Geopolítica concibe al Estado como un organismo geográfico o como un fenómeno en el espacio”. Esto se puede considerar como un concepto un poco más abierto o general en cuanto a la definición de esta.
En cuanto a definiciones o concepciones geopolíticas, existen muchas tesis y cada una se enfoca de diferentes maneras, siendo así, se encuentra la teoría de Heartland, la cual esta atribuida al Imperio Británico y que a su vez se contrapone frente a la teoría marítima de Mahan, marcando al mundo en tres grandes zonas: Islas periferia, islas interiores e isla Mayor, siendo esta la más importante, ya que controla tres continentes Europa, África y Asia.
Por su lado la teoría de de James Fairgrieve crea su concepto siendo este discípulo de Mackinder, pero se concentra más en un pequeño estados sobrevivientes de la economía frágil y que han logrado desenvolverse de manera satisfactoria en el desarrollo de las relaciones internacionales. 

Postmodernidad
En el mundo avanzado en el que se vive hoy en día, se puede entender como teoría postmodernista, al movimiento no solo filosófico, sino artístico y cultural de los últimos siglos, que se oponen de cierta manera al modernismo, queriendo mostrar al mundo que el conocimiento humano es una construcción de carácter social y que las afirmaciones de la verdad son obra política y de orden mundial. La postmodernidad en sí, trata de entender a cada persona como un individuo único que posee la capacidad para entender el mundo de manera propia, sin necesidad de estar de acuerdo con las opiniones de los demás, también se caracteriza por la aceptación del ser tal y com este es, sin importar las diferencias sociales, culturales, sexuales, espirituales, etc…
Según las ideas filosóficas que plantea el postomodernismo se puede ver ejemplos a cerca de diferentes variales, como la verdad subjetiva, en la que por ejemplo “ Lyotard sugiere que debemos ser escépticos de tales explicaciones extensas. Por ejemplo, la afirmación "De tal manera amó Dios al mundo" es absurda para los postmodernistas por dos razones: (1) ellos niegan la existencia de Dios, y (2) las afirmaciones que reflejan al mundo entero (macrorelatos) son imposibles” (2006).

Además de propuestas de antirealismo  y construcción de la realidad que plantean que no todo es como se ve o como lo muestra las grandes cadenas de televisión o los gobiernos, por ejemplo en el año 1991 Jean Baudrillard afirmó que “la guerra del Golfo no fue real, sino simplemente fue simulada por la cadena de televisión CNN. La verdad de que personas reales murieron no pareció entrar en la educación”. 

Cronología del Proyecto (línea de tiempo)

https://www.preceden.com/timelines/332142-hummus

1922

Partición del Imperio Otomano después del final de la Primera Guerra Mundial. Los futuros territorios de Israel y Palestina, que hacen parte de la partición, quedan bajo dominio de Gran Bretaña con el Mandato británico de Palestina, encomendado por la Sociedad de Naciones (antecesora de la Organización de las Naciones Unidas).

1930

Por primera vez, las organizaciones sionistas americana e internacional de mujeres, promotoras de la identidad, la tradición y la cultura judías, recomiendan la comida palestina para los judíos en el marco de un programa de racionamiento de comida que se intensificará durante los años más duros de la Segunda Guerra Mundial.

1933-1945

Aumenta la inmigración masiva de judíos europeos al territorio del Mandato británico de Palestina. Las tensiones entre la población judía y la población árabe ponen de manifiesto la necesidad de una intervención global en este territorio.

1947

La Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, sucesora de la Sociedad de Naciones, aprueba una propuesta para dividir el territorio del Mandato británico de Palestina en dos estados, uno judío y otro árabe. Los países árabes de la región y muchas otras potencias internacionales están en desacuerdo con la propuesta.

1948-1949

Israel declara su independencia, reconocida, entre otros, por la Unión Soviética y los Estados Unidos, y rechazada por los países árabes circundantes al recién creado estado. La situación desencadena la guerra árabe-israelí que terminará en 1949 con tratados de paz entre Israel, por una parte, y sus nuevos vecinos, Egipto, Jordania, Líbano y Siria. Entre muchas otras consecuencias, Israel extendió su territorio en un 23% adicional a lo que había propuesto las Naciones Unidas y más de setecientos mil árabes palestinos tuvieron que salir forzados del territorio. Es, también, el inicio de la ocupación israelí de la actual Palestina y el contexto general del conflicto entre los dos estados.

1950-1960

Después de varias décadas de rechazo sistemático a la comida palestina, los judíos que viven en el estado de Israel comienzan a consumir hummus abiertamente. Incluso se convierte en una comida familiar y cotidiana para sus fuerzas armadas. En medio de fuertes medidas de racionamiento alimentario del gobierno israelí, mucha gente comienza a viajar a los territorios palestinos ocupados en busca de comida; encuentran, en vez de carne, hummus que llevan de vuelta a sus hogares.



1958

La productora de alimentos Telma, asentada en el Estado de Israel, inicia la producción y venta de hummus.


1964

Moli Bar-David, un autor judío procedente del Estado de Israel, publica un libro titulado Folkloric Cookbook, donde sugiere que el hummus es parte de la identidad judía desde tiempos bíblicos. Comienza, entonces, la consolidación del hummus como parte esencial de la identidad cultural del Estado de Israel. 

1968

Diez años después de iniciar la producción industrial de hummus, la empresa de alimentos Telma ha vendido quince millones de unidades de hummus en Israel, cuya población para la fecha es de tan solo tres millones de personas. 

1978-1982

El Estado de Israel invade el Estado del Líbano como respuesta a la presencia de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en ese país. La tensión entre ambos países estalla definitivamente el 6 de junio de 1982 cuando las fuerzas israelíes se enfrentan directamente con las milicias de la OLP. La ocupación militar israelí del sur de Líbano terminó en el año 2000. 

1995-2000

Tras varias décadas de intensos conflictos bélicos, Israel firma acuerdos de paz con distintos países árabes como Jordania y Siria. Paralelamente, el hummus árabe comienza a ganar reputación entre algunos judíos de Israel como el hummus “auténtico” y “original”. 

2006

En medio de una disputa simbólica por la identidad y la cultura de Medio Oriente, inician las guerras del hummus. En Nueva York, la empresa de alimentos Sabra, que hace parte del consorcio comercial del mayor productor de comida en Israel, establece un récord Guinness por el plato más grande de hummus (3 metros y medio de diámetro y 400 kilos de peso). 

2007

En medio de intensas negociaciones entre Siria e Israel alrededor de la instalación de un reactor nuclear, se rumora el envío de un tarro de hummus por parte del presidente sirio Bashar al-Assad al primer ministro israelí Ehud Olmert.

2008

La Asociación Libanesa de Industriales amenaza con emprender acciones legales contra Israel si sigue vendiendo la crema de garbanzos como “hummus”. Intentan establecer ante la Unión Europea y la Organización Mundial de Comercio la denominación de origen “hummus” para la preparación que se haga en el Líbano exclusivamente (así como solo se puede llamar “parmesano” el queso producido en la región de Parma en Italia). Aunque el reclamo es rechazado por ambas organizaciones, es una de las respuestas a la apropiación israelí del hummus como plato nacional.

2009

Una agrupación de cocineros y activistas libaneses baten el anterior récord guinness para la preparación más grande de hummus: 1451 kilos.

2010

En enero, en la ciudad de Abu Gosh, en Israel, vuelve a romper el récord guinness de hummus: 4 toneladas de hummus. Meses más tarde, el mismo año, un plato de más de 10 toneladas fue presentado por los libaneses como nuevo récord guinness. 

El Comité sobre Palestina de la Universidad de Princeton impulsa el sabotaje al consumo de humus de la empresa Sabra, líder de alimentos en Israel.

2011

Una ciudad italiana de la Toscana, Forte dei Marmi, prohíbe la apertura de restaurantes con cocinas “étnicas”, entre otras, la de Palestina.

2014


En Pittsburgh, Estados Unidos, un restaurante llamado “The Conflict Kitchen” prepara un menú especial con comida de Palestina, uno de cuyos principales platos es el hummus. Organizaciones judías de la ciudad se manifiestan en contra de este programa y de la inclusión de hummus en el menú como “palestino”.

RECOLECCIÓN DE ANÁLISIS Y DATOS

Comer es uno de los actos fundamentales de la condición humana. Ninguna sociedad ni ningún individuo pueden escapar a su dominio. Pero a pesar de ser un universal, es también uno de los actos más diversos en nuestra especie: de persona a persona, de un territorio a otro, la comida varía significativamente. Hay gente que no come carne y otra que solo lo hace en ciertas ocasiones; pueblos que no incluyen dentro de sus comestible ciertas raíces y movimientos culturales que las ensalzan; periodos históricos de escasez donde priman ciertas bebidas y otros donde se industrializa la producción de alcohol. En cada caso concreto, la comida aparece como un elemento que a la vez nos identifica como humanos (lo que nos hace humanos) y que nos diferencia como sociedades.

Además de ser cruce fundamental de lo universal y de lo particular, la comida también está en la intersección entre lo que nos da la naturaleza y lo que nos da la cultura (ver, Lévi-Strauss, 1964-1971). Todos sus componentes se encuentran en el entorno: el agua, las frutas, los vegetales y las carnes están dispersas de manera heterogénea en el mundo. Sin embargo, nada de eso es naturalmente comida: debe estar siempre mediada por la cultura, tanto en la práctica de recolectar, sembrar, cazar o almacenar como en la simbolización que define lo que se puede de lo que no se puede comer. Al sentarnos a la mesa a compartir los alimentos se hacen presentes estas diferentes intersecciones.

Es por esta razón que hemos escogido un alimento, el humus, como una ventana para reflexionar sobre la geopolítica del conflicto entre Palestina e Israel. Su presencia cotidiana parece querer decir que nos aproximamos a este tema desde una perspectiva un tanto trivial y banal. Se nos permitirá decir, en cambio, que precisamente lo que queremos es rescatar la humanidad que está presente en un conflicto altamente mediatizado por los estereotipos, por los prejuicios y por la deshumanización del otro. Queremos rescatar la complejidad del conflicto y sus variantes geopolíticas a partir de una mirada cercana y cotidiana a las prácticas y a los símbolos de la gente que lo ha padecido en los últimos 70 años.

El humus, descrito rápidamente como una crema de puré de garbanzos cocidos con zumo de limón con pasta de tahina y aceite de oliva, es un plato muy popular y de una extendida distribución en todo Oriente Medio. Usualmente se sirve frío y se acompaña de pan pita, en compañía de la familia y de los amigos. No solo se prepara domésticamente, sino que se produce industrialmente. Es, de hecho, uno de los productos principales de ciertas empresas de alimentos y se distribuye de esta manera en todo el mundo.

Desde hace diez años, hemos asistido a lo que algunos comentaristas han denominado “las guerras del hummus” (Ariel, 2012), una extensión de las tensiones entre los países de tradición árabe con el estado de Israel en Medio Oriente. Para nosotros, no solo se trata de un “reflejo” de las relaciones geopolíticas de un problema muy extenso y al cual nos hemos ya referido, sino que se trata, de hecho, de la prolongación de ese conflicto, de sus causas y de sus motivaciones. Es, en toda ley, una verdadera geopolítica de la comida la que aparece manifestándose en este escenario.

Empezaremos esta historia en un asunto tan trivial como el propio humus y, si es posible, incluso más banal que un grano de garbanzo. Muy lejos de Israel y Palestina, literalmente al otro lado del mundo, en Nueva York se está preparando un gran gesto simbólico: la empresa Sabra comienza a gestionar la preparación del plato más grande de humus jamás servido para que fuera reconocido como un récord guinness. La historia, bastante simple desde afuera, tiene un poderoso contenido geopolítico que vale la pena desentrañar. Como hemos aprendido a lo largo del curso, la localización del conflicto es, esencialmente, política. La empresa es parcialmente propiedad del mayor productor de alimentos en Israel, actualmente conocido como Strauss Group Ltd. Su aventura en Estados Unidos comienza con la fundación de Sabra en alianza con PepsiCo, una de las multinacionales de alimentos más grandes en el mundo. La alianza comercial entre los dos grandes conglomerados hace parte de la más amplia historia de apoyo entre los Estados Unidos e Israel, forjada al final de la Segunda Guerra Mundial y extendida en todos los niveles, desde el político hasta el militar.

El nombre de la empresa es, en sí mismo, un canto a la geopolítica de las relaciones entre Estados Unidos e Israel: Sabra Dipping Company. En el mercado estadounidense, la idea no es vender humus, un plato tradicional del Medio Oriente, sino un “dip”, una salsa o crema para untar. La estrategia comercial de la compañía fue un éxito rotundo: de un plato exótico a un plato de consumo rápido en los mayores eventos culturales de Estados Unidos, como en las grandes comidas y reuniones durante las finales de fútbol americano (Goodson, 2015). Esta concepción de lo masivo y de lo rápido se opone, por completo, a lo doméstico y lo familiar de la idea del humus en Palestina, por ejemplo. Pero, precisamente, de eso se trata: de la transformación de un producto cultural como parte de las estrategias geopolíticas de control y gobierno en el mundo.

Porque no solo se trata de que sea una compañía de “dips”. Sabra, en hebreo tzabar, es la denominación que se les da a los judíos nacidos en el estado de Israel. Es una expresión que responde a una de las condiciones trágicas de la población judía: el exilio permanente de su propia tierra desde los tiempos del antiguo testamento. La elección del nombre para la compañía es, en ese sentido, no solo sintomática, sino ejemplar: es una compañía que produce alimentos en nombre de los judíos nacidos en Israel. Y si esa compañía se propone a hacer el plato más grande de humus que se ha registrado en el mundo, ¿qué significa? Significa que los judíos nacidos en Israel, aquellos que han regresado del exilio, aman profundamente el humus y lo consideran significativo de su historia, de su cultura y de su visión del mundo. Se trata, por lo tanto, de hacer una declaración política a partir de una simbolización del humus. Al hacer el plato más grande de humus, la empresa, y a través de ella el estado de Israel, quieren hacer pasar por natural la compleja historia de apropiación del humus. Y es allí, en ese punto, donde el conflicto se desata.

Según la investigadora Dafna Hirsch (ver, por ejemplo, Hirsch, 2011, y Hirsch y Tene, 2013), el humus solo aparece como parte de la dieta de los judíos durante las políticas de escasez puestas en marcha en el territorio del antiguo Mandato británico para Palestina. Antes de eso, al ser considerado fundamentalmente como plato árabe, la posibilidad de que los judíos consumieran humus masivamente, y con tanto apego emocional, parecía muy remota. Sin embargo, ya para finales de los años sesenta del siglo XX, el humus comienza a aparecer en el centro de las narrativas y las prácticas simbólicas del estado de Israel como estado-nación.

La comida, como sabemos, es fundamental en la construcción política de las narrativas identitarias (Appadurai, 1981; Goody, 1995). Nuestra perspectiva no es señalar que el humus es “originalmente” árabe, sino mostrar cómo se convierte en un espacio de discusión y formación de símbolos. Y, en ese sentido, esto ocurre en el contexto de la transformación geopolítica de Medio Oriente. Con la creación del estado de Israel se trata, como en cualquier estado-nación, por una parte de diferenciarse de los vecinos, en su mayoría países árabes, y por otra parte de consolidar una comunidad imaginada (Anderson, 1983). A partir de la transformación demográfica de Israel, de la consolidación de su población y también en el transcurso de las distintas tensiones bélicas con Líbano, Egipto, Jordania o Siria, el humus va adquiriendo un papel simbólicamente relevante en la identificación de los judíos con el estado de Israel.

Por supuesto, el gesto no pasa desapercibido para el mundo árabe. En Estados Unidos varias organizaciones que son críticas de la actuación de Israel en Medio Oriente y, en especial, con Palestina, denuncian la invisibilización de los árabes en esta exaltación nacionalista que Israel hace del humus. En la Universidad de Princeton y en la de DePaul, por ejemplo, se llama a boicotear el consumo del humus de Sabra (Lewin, 2010) y en Pittsburgh un restaurante diseña un menú palestino que incluye al humus como uno de sus platos tradicionales (Marsico, 2014). Nos disputamos, de esta manera, la narrativa del conflicto muy lejos de donde se está viviendo (Medio Oriente), pero muy cerca de donde se toman las decisiones (Estados Unidos).

Pero también en los propios territorios del conflicto se desarrollan estrategias para disputar esta narrativa. En particular, Líbano, un país que tiene una historia especial con Israel, promueve distintas acciones. Una, que no prospera, pero que es un gesto diplomático muy poderoso, es una solicitud ante la Unión Europea y la Organización Mundial de Comercio para que le otorguen al “humus” una denominación de origen, lo que significa que solamente el humus producido en ese país podría llamarse de esa manera y todo lo demás (incluyendo, por supuesto, el que se hace en Israel o el que distribuye Sabra en Estados Unidos) solo pueda llamarse salsa o crema de garbanzos. La denominación de origen es uno de los mecanismos más interesantes que tiene la Organización Mundial de Comercio para cuidar los vínculos culturales en la producción de distintos tipos de mercancías, desde alimentos hasta artesanías. La intención de los libaneses que impulsan esta solicitud es, precisamente, señalar que el humus está muy lejos de ser un plato israelí y que tiene unas raíces árabes muy profundas.

Como la normatividad es tan solo uno de los ámbitos donde se pueden disputar los símbolos del conflicto geopolítico, otro grupo de libaneses optan por superar el récord guinness impuesto por Sabra. En 2009, logran superarlo, pero solamente para ser superados de nuevo por un activista israelí en 2010, quien a su vez se verá derrotado por otra asociación libanesa unos meses después. La seguidilla de récords que se vencen es mucho más que un juego entre estos países: es un escenario donde se controla la representación de sí mismo y del otro.

CONCLUSIONES Y RECOMENDACIONES

Nos gustaría, entonces, señalar distintos aspectos del conflicto entre Israel y Palestina que nos ha permitido reconocer la disputa por el hummus. En primer lugar, la definición de este conflicto como un asunto geopolítico y no religioso ni cultural. Nos oponemos fuertemente a decir que este conflicto hunde sus raíces en una oposición entre las religiones o las culturas de estos pueblos y, por el contrario, queremos señalar que es el resultado de las políticas de control del territorio del Medio Oriente después de la Primera Guerra Mundial y hasta nuestros días. En el caso del hummus esto queda muy claro: una comida que a comienzos del siglo XX no hacía parte de la dieta judía y que es marcadamente reconocida como árabe se ha convertido a comienzos del siglo XXI en una comida central para el pueblo de Israel y para toda su diáspora a pesar de reconocer el particular sabor de la producción de los árabes (Hirsch y Tene, 2013).  

En segundo lugar, la condición global del capitalismo como matriz esencial para comprender el conflicto geopolítico. Buena parte de lo que se descubre en las estrategias de la guerra por el humus es que hay una fuerte inversión económica por parte de grupos poderosos para formar la imagen que favorece sus propios discursos y representaciones sobre el conflicto. Ya sea multinacionales enormes, como la alianza entre Sabra y PepsiCo, o asociaciones de individuos privados, como los libaneses que disputan la denominación de origen del humus, el control y la expansión del capital hacen parte fundamental del desarrollo del conflicto. Una vez más, la comida ilumina la naturaleza del conflicto entre Israel y Palestina: control sobre el territorio, control sobre los recursos. En efecto, se trata de una situación en la cual una sociedad, la palestina, está sometida al dominio de un estado, el de Israel, y es en el desarrollo de esta problemática relación donde debemos pensar y reflexionar sobre los conflictos militares y políticos de la región.

Por último, creemos que los dos factores enunciados anteriormente, la naturaleza geopolítica del conflicto y su articulación con el capitalismo, es lo que permite su extensión a nivel global. El consumo de hummus masivamente, distribuido a decenas de países, le permite a mucha gente entrar en contacto con la historia del Medio Oriente. En algunos casos, para reforzar los estereotipos que se tienen sobre la región y sobre sus habitantes (“árabes malos y judíos buenos”); en otros casos, para matizar estas visiones y para comprender de una mejor manera la complejidad del conflicto. Esperamos que con este texto nos hayamos acercado más al segundo caso. 





REFERENCIAS


- CALINESCU, M. Cinco caras de la modernidad. Modernismo, vanguardia, decadencia, kistch, posmodernismo. 1991. Tomado de: https://historiacritica843.files.wordpress.com/2011/04/calinescu.pdf


- DUSSEL, E. Europa, modernidad y eurocentrismo. En: La colonialidad del saber. Tomado de: http://www.enriquedussel.com/txt/1993-236a.pdf

- FUKUYAMA, F. El fin de la historia y el último hombre. Alianza editorial. 1992. Madrid.

- HABERMAS, J. y BEN – HABIB, S. Modernity versus postmodernity. En: New German Critique. Tomado de: http://www.transart.org/wp-content/uploads/group-documents/117/1391557355-habermas_modernity.pdf

- HIRSCH, D. “Hummus is best when it is fresh and made by Arabs”: The gourmetization of hummus in Israel and the return of the repressed Arab. American Ethnologist. Volúmen 38. Número 4. Noviembre 2011.

- HUNTINGTON, S. The clash of civilizations. Simon and Schuster. 1996. Nueva York. 

Anderson, Benedict. 1983. Comunidades imaginadas. México DF: Fondo de Cultura Económica. 


-Appadurai, Arjun. 1981. Gastro-politics in Hindu South Asia. American Ethnologist, 8(3): 494– 511.


-Ariel, Ari. 2012. “The Hummus Wars”. Gastronomica 12(1): 34-42.


-Goodson, Scott. 2015. “The Surprising Rise of Hummus in America”. The Huffington Post. 


-Goody, Jack. 1995. Cocina, 'cuisine' y clase. Estudio de sociología comparada. Barcelona: Gedisa.


-Hirsch, Dafna. 2011. “‘Hummus is best when it is fresh and made by Arabs’: The gourmetization of hummus in Israel and the return of the repressed Arab”. American Ethnologist 38(4): 617–630.


-Hirsch, Dafna y Ofra Tene. 2013. “Hummus: The making of an Israeli culinary cult”. Journal of Consumer Culture 13(1): 25-45.


-Lévi-Strauss, Claude. 1964-1971. Mitológicas. México DF: Fondo de Cultura Económica.


-Lewin, Tamar. 2010. “New Subject of Debate on Mideast: Hummus”. The New York Times, diciembre 3. 


-Marsico, Alyssa. 2014. “People Conflicted About The Conflict Kitchen”. CBS Pittsburgh, octubre 7.
-Rosal, I., O’Higgins, E. (1981) Teorías de la Cultura y Métodos Antropológicos. El desarrollo de las teorías de la Cultura. Editorial Anagrama. Barcelona.

-Estudios de Geopolítica Mundial. Seis teorías Geopolíticas Hacia la Expansion Terrtorial por el Mundo. https://geopolmundial.wordpress.com/2016/03/26/seis-teorias-geopoliticas-hacia-la-expansion-territorial-por-el-mundo/


-Lopez, Jose. La Geopolítica de Nicolas Spckman. (P.p79-86). -Cómo es la Vida en Gaza Bajo los Bombardeos y el Bloqueo.(2014). BBC Mundo, Redacción. http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/07/140715_gaza_palestinos_israel_vida_cotidina_mz.shtml

-10 preguntas para entender por qué pelean israelíes y palestinos.(2014). Redacción BBC Mundo http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/08/140801_israel_palestinos_conflicto_preguntas_basicas_jp


-Gamero, Isabel. Los Límites del Concepto de Frontera en Distintas Teorías Antropologicas Postmodernas. Facultad de Ciencias Sociales Universidad de Chile. 


- Lera, Maria J. (2012). Israel y Palestina: ¿conflicto o violencia?. En Cruz, C., Ibáñez, C. y Moreno, S. (coord.) . El traje del emperador. 13 propuestas para desnudar el poder. Atrapasueños: Sevilla.

-9 Mapas que Explican lo que Está Pasando en Oriente Medio (2015). RT. https://actualidad.rt.com/actualidad/171682-mapas-oriente-medio-conflictos

-El Rompecabezas Geopolítico que Alimenta el Conflicto en Siria
Intereses de EE. UU., Rusia, Irán y Arabia Saudí, y el extremismo islámico, atizan esta guerra. El Tiempo. http://www.eltiempo.com/mundo/medio-oriente/el-rompecabezas-geopolitico-que-alimenta-el-conflicto-en-siria-44722












No hay comentarios:

Publicar un comentario